Ludovic Janvier
Si la poesía toca a las personas justifica un festival
"En resumen, trato de hacer entrar el mundo, lo concreto, lo práctico, lo trivial y también el vacío; porque creo que la poesía hasta ahora ha sido demasiado noble, demasiado bien vestida y quisiera que se ocupe de todo, que hable de todo", manifestó el poeta
Muchas sonrisas y gestos se asoman por el rostro de Ludovic Janvier cuando habla sobre su escritura. El francés, invitado al V Festival Mundial de Poesía que se realiza en el país del 18 al 25 de mayo, aunque es un autor poco conocido, es muy apreciado en el medio literario.
Con un estilo que jamás se pliega a las coacciones comerciales, Janvier dice que intenta no ser como los otros poetas. Tampoco sus textos tienen un tema en particular.
“En resumen, trato de hacer entrar el mundo, lo concreto, lo práctico, lo trivial y también el vacío; porque creo que la poesía hasta ahora ha sido demasiado noble, demasiado bien vestida y quisiera que se ocupe de todo, que hable de todo”.
Janvier es además novelista y ensayista. Sobre estas otras facetas, comenta que aunque comenzó escribiendo ensayos, quizás porque no se sentía muy seguro de incursionar en la invención, en el fondo, inconscientemente, tenía ganas de escribir poesía.
“Los ensayos son mi prehistoria. No son realmente parte de mi historia de escritor, sin embargo es algo interesante en mi vida, quizás no para los lectores. Me divido entre los dos géneros, es decir por un lado la narración, la prosa; también he escrito novelas, historias cortas, y del otro lado está la poesía”, explicó.
“En cierto sentido, la poesía vino a mi vida en tercer lugar, pero para confirmar y representar lo que yo tenía en mí desde hace mucho tiempo: escribir de forma muy precisa, muy rítmica y siempre tratando de escuchar, como si en el fondo, para mí, lo importante fuera la voz”, agregó.
Sobre el hecho de recitar, Janvier manifiesta que es un problema complicado, “porque generalmente cuando escribimos, es verdad que se escribe para la voz, pero ¿es la voz con la que hablamos normalmente o es la voz interior? ¿o es la voz de un actor que va a leer el poema a un teatro delante del público? El escrito, no podemos decir que sea la misma persona”.
Para el poeta francés, cuando se recita hay que ser actor de la propia poesía, en un sentido teatral, pero admite que sólo el poeta que lee está muy cercano a su poesía, “la hace más dramática, más clara, la lee con cierto esfuerzo que no tenía cuando se escribió el poema. Yo estoy contento de leerla, aunque tengo miedo. A la vez le soy fiel y la traiciono un poco”, confesó.
En cuanto a participar en festivales de poesía, dice que aunque igual nunca se sabe para qué sirven, lo que le parece interesante es la aproximación entre el poeta y el público, porque asegura, el encuentro entre los poetas no existe, es una mitología.
“De vez en cuando hay un encuentro con el lector, que no sabe lo que quiere escuchar, que llega de una forma inocente y de repente algo pasa, porque tienen necesidad de poesía. Ellos no saben qué van a escuchar y eso que escuchan los toca, les llega. Para mí eso es suficiente para justificar el festival, de otra forma el festival es un teatro”.
Asimismo, reflexionó sobre el papel del poeta o la poesía en una sociedad.
“En el fondo y a la vez, el poeta es útil, es inútil; es necesario, no sirve... Es ideológico cuando decimos: la poesía no sirve para nada o sirve para algo. Finalmente, escribir es una parte útil, nos servimos de la poesía cuando necesitamos de ella para un cierto tipo de acción, pero el poeta en sí no debería ocuparse de las consecuencias de la utilización de sus textos o de lo banal que es su poesía”.
Allí situó el ejemplo de los campos de exterminación nazi, donde había personas condenadas a morir en las cámaras de gas y para quienes la poesía era inútil en sus vidas antes de ser recluidos allí, pero que luego adquirió valor, al permitirles olvidar el dolor y la muerte próxima. “Un ejemplo de poesía impredeciblemente útil”, señaló.
ABN/MinCI