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Por: Erick Mayora (*)
Para ser legalmente venezolana tuvo que esperar más de 12 años; lo logró a través de la Misión Identidad. Esta experiencia le abrió las puertas a la Misión Robinson I, donde aprendió a leer y escribir, luego continuó en la lucha por el sexto grado, por medio de la Misión Robinson II. De ahí en adelante, el deseo de saber y conocer han sido los motores que la han llevado al segundo semestre de la Misión Ribas, pues su meta ahora es el bachillerato. ¿Su nombre? Polonia Joya Díaz, una mujer que con 39 años de edad, siente que nunca es tarde para salir adelante.
En 1991, con apenas 22 años de edad, Polonia Joya Díaz llegó a Venezuela proveniente de Galán, pueblo del norte de Santander, cerca de la ciudad de Bucaramanga. Mejorar su situación económica, y así su calidad de vida, fueron los objetivos que impulsaron a esta mujer a salir de su pueblo natal, para lanzarse a la aventura de hacer vida en un país ajeno.
Vivir sin documentos de identificación
Desde que llegó a territorio venezolano, específicamente a la cuna de El Ávila, Caracas, comenzó a ser protagonista de una historia que, aunque suya, refleja las peripecias de quienes han tenido que cruzar fronteras, una historia cargada de burlas, desprecios y ofensas. Una historia que llama a la reflexión a quienes desde su patria, les corresponde ser anfitriones de aquellos que llegan en busca de mejores posibilidades de vida.
“Fui muy estafada, no lo voy a negar. Yo trabajaba para pagar lo que fuese necesario por obtener mis documentos, pero lamentablemente me estafaban. “Dame el dinero y en quince días te entrego los papeles”, y bueno, ni papeles, ni cédulas, ni pasaportes, porque los pasaportes también los perdí. Hasta que llegó un momento en el que decidí quedarme así”, resume Díaz al contar su experiencia como indocumentada.
“Siempre estaba en trabajitos cortos, sin ningún beneficio. El sueldo si te lo quieren pagar te lo pagan y si no, no, porque tú no tienes como protestar. Si no tienes un documento, estás mal. Yo trabajé en una clínica donde tuve problemas para que me pagaran el sueldo, me pagaban lo que ellos querían. También trabajé en casa de familia, y en una residencia por la UCV, ahí trabajaba de 6 de la mañana a 12 de la noche”.
Díaz asegura que desde que llegó al país, las autoridades competentes nunca realizaron una actividad dirigida a tratar la situación con los extranjeros habitantes en Venezuela. Fue en 2004, con la Misión Identidad, cuando vio concretarse el deseo de convertirse en venezolana.
Contacto con la Misión Identidad
El 18 de octubre de 2003 se dio inicio a la primera etapa de la Misión Identidad, la cual establecía dentro de sus objetivos pagar la deuda social que la Oficina Nacional de Identificación y Extranjería (Onidex), había adquirido con los extranjeros residentes en el país, una deuda que comprendía solicitudes hechas desde hacía más de 20 años.
Al ponerse en marcha esta misión, el ente rector en materia de identificación y extranjería recibió aproximadamente 700 mil solicitudes de naturalización, de las cuales se logró dar respuesta a 283 mil, durante el primer año de ejecución. Hay que acotar que este proceso de naturalización implicó, según las autoridades de la Onidex, y de la voz de la propia Polonia Joya Díaz, un proceso de estudio de las diferentes solicitudes.
Díaz afirma que el contacto con la Misión Identidad fue muy bonito, aunque comenta que fue mucho el empeño que le puso para poder lograr su objetivo.
“Yo me acercaba a los operativos de cedulación y ahí me informaban, “bueno, va a ser en tal sitio”, corre para allá. Eso sí, no lo voy a negar, pasé una noche y un día durmiendo en la calle para poder tener mis documentos, de lo cual no me arrepiento. Me tocó ir al Junquito, y no lo pude lograr. Fui al Paraíso, no lo logré, en Naciones Unidas y no lo logré. Vine al Ince, y fue donde lo logré”.
Deseos de superación
Esta es parte de la historia de esta mujer que durante años esperó ansiosa la oportunidad de legalizarse como ciudadana de la República Bolivariana de Venezuela. Pero otro capítulo comienza a escribirse tras hacer la solicitud de naturalidad.
Luego de haber introducido los requisitos, y con un documento provisional de identidad, Díaz, como miles de extranjeros que solicitaron la nacionalización, tuvo que esperar el estudio de su caso, y la publicación en gaceta de su nacionalidad.
Sin embargo, mientras esperaba respuesta, con la cedula provisional en mano, Díaz buscó la oportunidad de comenzar sus estudios, pues, la necesidad de leer y escribir, cada vez se hacía más fuerte en ella.
Es así como se acerca al Ince de San Martín, donde el coordinador de las misiones en este instituto le da la oportunidad, mientras obtenía la nacionalización, de ingresar a la Misión Robinson I, para encontrarse con el mundo del conocimiento a través de la lectura y la escritura.
“Yo si puedo”
“Yo sólo tenía una cédula provisional con la que constaba que mi nacionalización estaba en proceso. Entonces llegué al Ince, y averigüé si yo me podía inscribir con esa cédula, hablé con el profesor Jesús Torres, y bueno, ese mismo día él me dijo “te quedas de una vez”. Me dio un cuaderno, un lápiz, y me dijo que sí podía estudiar con ese documento”.
La Misión Robinson I, programa que le ha dado luces a miles de venezolanos, permitió que en 2005 Venezuela pasara a ser territorio libre de analfabetismo con el aval de la UNESCO, pues para entonces cerca de millón y medio de venezolanos habían sido alfabetizados a través del método “Yo si puedo”.
“Yo quería estudiar para saber, para aprender muchas cosas, para poder salir adelante, saber qué dice un papel, para no ser engañada por la gente. Son muchas cosas importantes. Cuando obtuve mis documentos, yo quería seguir estudiando, quería darme esa oportunidad”, expresó.
“Yo llegué a este país y sentí la necesidad de estudiar. Para mí era muy difícil pararme aquí en una avenida y no saber que dice el letrero de la camioneta, tener que preguntarle al que está al lado, son cosas fuertes”, sostuvo Díaz.
Ante la interrogante de por qué no cursó estudios en su pueblo natal, Díaz respondió con plena naturalidad. “En ningún momento hice ni escuela ni liceo en mi pueblo, porque yo vengo del campo. Mis padres son campesinos, no saben leer ni escribir. Nosotros somos seis hermanas, las cuales nos hemos superado así, saliendo del campo para la ciudad”.
Lo vivido por Díaz dentro de la Misión Robinson I demuestra las ganas y el deseo de superación que hubo y sigue habiendo en esta mujer que, hoy en día, se muestra orgullosa de ser venezolana.
El primer facilitador que tuvo desapareció de un momento a otro, y no volvieron a saber nada más de él. Pasados algunos días, una nueva facilitadora llegó, pero no por mucho tiempo, pues la historia se repitió.
“Yo lloraba, y le decía al profesor Torres ‘profesor yo quiero seguir estudiando, por qué no me hace los trámites para otro lugar, en el barrio donde yo vivo también hay Robinson’, él me dijo que no, que me quedara tranquila, y fue cuando entonces encontramos a la profesora Carmen León, que es ahorita mi facilitadora, y quien nos ha llevado desde Robinson I hasta la Misión Ribas”.
Misión Robinson II, un peldaño necesario para llegar a la Misión Ribas
Como se puede ver, Díaz no se quedó sólo con aprender a leer y a escribir. Quería ir más allá, y las misiones impulsadas por el Gobierno Bolivariano le garantizaban continuidad en sus estudios. Así logró aprobar el sexto grado en la Misión Robinson II, para estar hoy en el segundo semestre de la Misión Ribas, siempre de la mano de la facilitadora Carmen León, con quien se muestra muy agradecida.
“En la lucha por el sexto grado, Robinson II, también hay mucho que aprender, de toda esa información que está en los folletos que le entregan a uno, uno aprende mucho. Y bueno, tengo una facilitadora que de verdad se esmera por nosotros, se preocupa por enseñarnos, se preocupa por que aprendamos, por que entendamos las cosas”.
“He seguido en las misiones porque quiero estudiar enfermería, pero tengo que tener el bachillerato aprobado para poder hacer el curso. Sin embargo, yo averigüé y me dijeron que sí podía comenzar de una vez, a la par que sigo en la misión. Ahorita en Ribas estamos empezando el segundo semestre, y más o menos para mediados del otro año, ya estaremos terminando”.
Esta historia de vida que hoy se dibuja ante la mirada de los lectores, es reflejo de que en el país se está desarrollando un proceso de transformación y de cambios que no es abstracto, que tiene su asidero en realidades que laten, que cobran vida en cuerpos de millones de personas como Polonia Joya Díaz. Personas que con su testimonio, representan al nuevo ciudadano que necesita este país.
Un ejemplo de ciudadanía
“Yo me he propuesto también ayudar en el barrio a la gente que no sabe leer, que no sabe escribir, es decir, darles una mano, así como me la dieron a mí. Quiero ayudar a la gente para que estudien. Esto lo quiero hacer porque yo sé por lo que se pasa, y no quiero que los demás pasen por eso, esto lo quiero hacer porque a mí me nace, no porque me obliguen, no porque sea un requisito, es porque quiero hacerlo”.
Díaz elevó sus palabras de agradecimiento al presidente Chávez, pues considera que toda esta historia que ha protagonizado, ha sido gracias a él y a su gobierno, por haber virado sus ojos hacia el pueblo, tendiéndole una mano sincera. A la vez, hizo un llamado a quienes de algún modo rechazan las misiones.
“Al presidente Chávez le quiero decir que no flaquee, que no falle, que siga adelante con todo lo que él se ha propuesto. Que siga adelante con todo lo que ha hecho, y me gustaría conocerlo para poder darle un abrazo de verdad. Y al pueblo le digo, que no dejen de creer en el presidente, que primero hay que ver para poder hablar. Yo le hago un llamado a la gente que quiere estudiar, que todavía están a tiempo, que nunca es tarde. Mientras tengas corazón, y lo quieras hacer, lo puedes lograr. Las oportunidades nos la están dando, si no las aprovechamos es porque no queremos”.
(*) emayora@minci.gob.ve
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