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Caracas, 6 de enero de 2009
9 de mayo de 2008
No a la discriminación de personas con discapacidad
Segundo Poleo se impuso a la discapacidad visual y desarrolló su talento musical
Además de ayudar a las personas con discapacidad a mejorar su calidad de vida, la Misión José Gregorio Hernández tiene el objetivo de concienciar a la sociedad sobre la importancia de abrir espacios para el desarrollo integral de las potencialidades de estos hombres y mujeres. Segundo Poleo, talentoso músico y compositor, venció la discriminación social y los prejuicios que existen sobre la discapacidad, convirtiéndose en ejemplo de entereza, perseverancia y disciplina para todos
Por: Dexy García (*)
“Personas con discapacidad física pueden desarrollarse socialmente si ponen empeño, dedicación y sienten las ganas de sentirse útil”, afirma categórico Segundo Poleo, músico de 50 años de edad que perdió la vista cuando sólo tenía dos años de edad, a causa de una meningitis. La Misión José Gregorio Hernández ubicó a Poleo a través del Censo Nacional de Personas con Discapacidad y desde entonces es tomado en cuenta como persona y como artista, porque a su juicio es mucho lo que puede aportar a este programa social, tanto en el ámbito musical como en el social y espiritual Poleo participó junto con la Estudiantina Los Perseverantes - integrada por niños músicos formados por él - en la gran fiesta de la música y de las artes “Luces sin Barreras”, organizada para celebrar los cinco años de la implementación de las Misiones. Allí dedicó un variado repertorio a las madres venezolanas. Segundo Poleo tiene en su haber una amplia trayectoria musical; escenarios tan importantes desde el punto de vista artístico como el Teatro Teresa Carreño y el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela han sido testigos de su talento y habilidades con la guitarra, el cuatro, la viola, la flauta y otros instrumentos musicales. Él es un hombre alegre, extrovertido, conversador y muy atento. Nos recibió en su humilde estudio de unos 2 metros cuadrados, ubicado en el barrio El Rosario de Las Minas de Baruta, donde también tiene su vivienda, una pequeña casa no más amplia que el estudio. Maracas, cuatros, guitarras, flautas, tambores, un pequeño piano, cajas y otros chécheres se adueñaron del estudio donde sólo queda espacio para dos sillas que por sus pequeñas dimensiones hacen recordar los días del preescolar; allí, Poleo nos contó la historia de su vida. La lucha por ser útil e independiente La discapacidad visual no le impidió aprender a leer y escribir, claro que para eso fueron necesarios métodos especiales como el Braille; con estos conocimientos se abrió campo en el ámbito de la música y hoy orgullosamente nos cuenta sus logros. Nació en la llamada ciudad jardín de Venezuela, Maracay, estado Aragua, en plena dictadura de Marcos Pérez Jiménez; sus padres, de origen campesino, no tuvieron la oportunidad de ir a la escuela a aprender a leer y a escribir. “Siendo niño nos mudamos a Caracas, aquí me inscribieron en la Escuela Nacional de Ciegos, ahí aprendí a leer y a escribir tanto manual como en la máquina con el método Braille”, señaló. ¿Qué ha sido lo más difícil y lo más valioso de haber enfrentado la discapacidad? Para independizarme fue necesario enfrentarme a mi familia. Mi mamá no fue partidaria de que yo saliera y estuviera en la calle valiéndome por mí mismo, ella decía que prefería morir antes de que a su hijo lo atropellara un carro. Poleo le atribuye la falta de apoyo familiar a sus pocos conocimientos y a la escasez de tiempo para dedicarle. “Mi madre fue una mujer analfabeta, que se encargaba de los quehaceres de la casa y de un hermano que padeció de problemas renales, mientras que mi padre era un obrero que tenía fuertes jornadas de trabajo, y usted entenderá que ningún obrero después de pasar todo el día trabajando en una fábrica, por más buen carácter que tenga, no le quedan ganas de conversar, ni estimular a nadie”, agrega. Asegura que no fue fácil y que el enemigo a vencer, más que la discapacidad, fue la discriminación social. “Después que salí de la escuela para ciegos, empecé a estudiar música en un instituto para gente con todos los sentidos, a los demás niños no les gustaba ayudarme porque debían dictarme para yo copiar en Braille. Y ahora la gente en la calle me empuja, me cae a cajazos y han intentado robarme varias veces”. “Lo más bonito ha sido ser útil, ganarme mi propio dinero y poder ayudar a niños de bajos recursos que les gusta la música y tienen talento para ello”, sostiene. Poleo se gana la vida dictando clases de música en escuelas cercanas al barrio donde habita; también da clases particulares tanto de música como de inglés y matemáticas. ¿En qué momento decidió que se ganaría la vida de esta forma? Cómo ya le dije siempre quise ser útil, mi madre murió y me quedé a cargo de mi hermano enfermo, quien luego también falleció, y de algo debíamos vivir. Antes de que ellos murieran residíamos en el barrio Andrés Eloy Blanco del 23 de Enero; allí, en el Observatorio, tuve la oportunidad de darle clases de música a muchos niños. Además de la música, Poleo tiene interés por los idiomas; estudió tres años de inglés y dice que de no haber nacido en Venezuela le hubiera gustado ser brasileño para hablar portugués. “Doy clases de inglés y matemáticas de forma complementaria a los muchachos que no van muy bien en el liceo; siempre me buscan para que les explique”. ¿De todos los instrumentos que sabe tocar con cuál se siente más identificado? Con el cuatro he obtenido más reconocimientos, pero el que más me gusta es la flauta. Actualmente estoy estudiando piano, que es otro de los que más me cautiva. Segundo Poleo también es cantautor: ha compuesto alrededor de 50 canciones; durante la visita nos regaló dos temas acompañado de la viola. ¿Cuéntenos cómo transcurre un día para usted? Muy fuerte, me levanto a las cinco y treinta de la mañana y el día no me alcanza para todas las cosas que tengo que hacer. Se traslada en transporte público a los diferentes sitios donde da clases, va al instituto de música donde está recibiendo clases de piano. No tiene mucha simpatía por el arte culinario, lo único que se prepara es una limonada; es rutina comer en la calle, pero sí lava la ropa y limpia la casa. “Por las noches escucho radio y la soledad no me llega, leo algún libro y a las ocho me estoy quedando dormido”, comenta. “Me gusta la literatura de Rómulo Gallegos y Gabriel García Márquez, sobre todo El Coronel no tiene quien le escriba”, dice. ¿Convérsenos de sus planes para el futuro y de los sueños por cumplir? Un sueño por cumplir, y que es muy difícil de alcanzar, es que todo niño con discapacidad visual pueda desarrollarse: aprender a leer y a escribir y que puedan tener su máquina Perkins (máquina de escribir especial para personas con discapacidad visual). Para el futuro quisiera mudarme de aquí, y comprar en un lugar más accesible a los alumnos; la meta es poder construir un estudio más grande donde pueda recibir más personas y así ya no tendré que salir a trabajar fuera de casa exponiéndome a los peligros de la calle, porque usted no sabe el riesgo que significa para un ciego andar por ahí solo. (*) dgarcia@minci.gob.ve
MinCI
Segundo Poleo Foto: Alexander Tirado José Gregorio y Carlos Daniel discípulos de Poleo Foto: Alexander Tirado Los niños tienen gestos de solidaridad con su profesor de música Foto: Alexander Tirado La viola en manos de Segundo suena maravillosa Foto: Alexander Tirado |
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